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El contraer matrimonio puede ser uno de los momentos más hermosos e importantes en la vida de una persona. Sin embargo, cada relación es diferente y las situaciones que fueron decisivas para contraer matrimonio tienden a cambiar luego de múltiples conflictos. Ello tiene como consecuencia, en muchos de los casos, el desgaste de la relación o, incluso, su ruptura.

Si bien es común escuchar que el matrimonio es para toda la vida, ese toda la vida puede convertirse en un tormento. La finalidad de la familia no sólo es la reproducción, sino realizar una comunidad de vida en donde ambos se procuren igualdad, ayuda mutua y respeto, siendo el procrear descendientes una posibilidad de forma libre, informada y responsable. Cuando alguna de esas características falla el matrimonio tiene consecuencias desfavorables para todos los miembros de la familia, es decir, no sólo los padres (en caso de tener hijos o hijas) se verán afectados con las discusiones también los hijos pueden sentirse agredidos y crear una inestabilidad emocional.

Los problemas pareciera que se resuelven al alejarse de la persona con quien pensaron compartirían toda su vida, aunque se dejen muchos asuntos sin resolver, por ejemplo: al adquirir una casa, la manutención de los hijos e hijas, liquidar las deudas contraídas, las visitas que tendrán con su pareja e incluso si tendrán que convivir en fechas importantes hará más complicada la separación. Así pues entre más pase el tiempo pueden agregarse más situaciones (como el rehacer su vida) que requerirán disolver el matrimonio anterior.

¿Cómo me divorcio?

No obstante que físicamente ya no se encuentren juntos, se requiere que jurídicamente también se dé por terminada esa relación. La manera de realizarlo es a través del divorcio, este atenderá a la situación particular de cada matrimonio. Debemos recordar que al contraer matrimonio se debe establecer qué tipo de régimen se aplicará sobre los bienes que adquieran durante el mismo. Pueden ser de dos tipos: sociedad conyugal o separación de bienes.

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En el primero, todos los bienes y las deudas adquiridas por cualquiera de los cónyuges pertenecerán en un 50% al otro, a menos que hubieren dispuesto otra cosa. Mientras que en la separación de bienes corresponde a cada cónyuge el 100% de lo que adquiera, tanto bienes como deudas. En ambos casos debe existir la manifestación expresa del tipo de régimen al cual se someterán durante su matrimonio, así como los bienes adquiridos por herencia sólo le pertenecen a la persona que los heredó, es decir, no se incluyen en la sociedad conyugal.

Otro punto a destacar es el cuidado y manutención de alguno de los cónyuges y de los hijos o hijas procreados en común. Como lo mencionamos la obligación de ayuda y cuidado en el matrimonio es mutua, así que ambos pueden trabajar, cuidar a los hijos y velar por el pleno desarrollo familiar. Tomando en cuenta lo anterior, al disolver el vínculo matrimonial deberá preverse la manutención para los hijos menores de edad, aquellos que no pueden valerse por sí mismos o que continúan sus estudios, y para el o la cónyuge que se dedicó completamente al hogar.

Reiterando que con el simple hecho de no vivir juntos no se disuelve el matrimonio y tampoco por el paso del tiempo. Mientras no se realice el divorcio ese vínculo subsistirá hasta que alguno de los dos fallezca y, en el caso de haberse casado bajo el régimen de sociedad conyugal, para vender sus bienes requerirá del consentimiento de su cónyuge aun cuando lleven muchos años de separados. A fin de ejemplificar lo anterior les presentamos el siguiente caso hipotético.

Caso hipotético

María y Raúl contrajeron matrimonio bajo el régimen de sociedad conyugal en 1995 en el Distrito Federal (ahora Ciudad de México), durante el mismo procrearon tres hijos varones y adquirieron una casa. Luego de 10 años de matrimonio se percataron que no podían seguir juntos por todas las diferencias y conflictos entre ambos, se separaron y por el bien de los niños decidieron que María se quedara a vivir en la casa y cuidara de los niños. Pasado el tiempo, Raúl adquirió un departamento y conoció a una mujer con la que se entiende perfectamente y con quien decidió establecer una relación sentimental.

Por su parte María emprendió un negocio y luego de 5 años de lucha está dando buenas ganancias ampliando ya a cinco sucursales. Raúl ha decidido casarse con su nueva pareja pero no puede realizarlo sin antes divorciarse de María. Para el divorcio deberán tomar en cuenta todo lo adquirido por ambos, en virtud de haberse casado por sociedad conyugal, no importando que lo realizaran sin ayuda del otro o de la otra, se contemplará para la disolución la primera casa que adquirieron, el departamento y el negocio. Así como deberá establecerse pensión alimenticia para el hijo o hijos que aún no cumplan los 18 años o bien que tengan más de 18 años pero continúen estudiando.

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Como pueden observar lo que con tanto esfuerzo consiguieron sin la ayuda del otro o de la otra se verá afectado por la disolución de la sociedad conyugal, situación que se podría prevenir al tramitar la disolución del vínculo matrimonial y de la sociedad conyugal en el momento de separarse.

¿Que juez conoce de los divorcios?

Los jueces de lo familiar son los competentes para conocer de estos asuntos y siempre que ambos se encuentren de acuerdo puede resolverse de forma más ágil. Ahora bien en el caso hipotético, podría ser que tanto María como Raúl estén de acuerdo en divorciarse, así ambos presentan el divorcio y con él un convenio donde cada uno queda como único propietario de lo que adquirieron. Por el contrario, si alguno de los dos no se encuentra conforme deberá notificarse al otro cónyuge y presentar propuesta de convenio sobre la totalidad de los bienes adquiridos.

En resumen, no tramitar el divorcio puede traer consecuencias desfavorables para su patrimonio y para sus relaciones personales. Se puede realizar con o sin el consentimiento del otro cónyuge y deberá resolver tres rubros principalmente: Disolución del vínculo, liquidación de sociedad conyugal y otorgamiento de alimentos para hijos o cónyuge.

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