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Seguramente conoces algún caso, si no es que ya lo has vivido, en donde un arrendatario (inquilino) problemático y abusivo se niega a pagar la renta del departamento o, cuando se va, deja una cantidad de cuentas pendientes y deudas, cuando no diversos daños en el inmueble y llevándose tarjas, lavamanos, repisas, puertas, ventanas o muebles en caso de renta amueblada, cual si fueran recuerdos de hotel.

Pero la situación más grave se presenta cuando el arrendatario se niega a retirarse de la propiedad en renta, aprovechándose de la inexistencia de un documento en donde se fijen los términos del acuerdo sobre el arrendamiento. El simple acuerdo verbal, en donde se pacta la propiedad en renta y el monto a pagar a cambio, son el medio perfecto para que posteriormente el arrendatario intente con todo su dolo mantener posesión del departamento sin cumplir con sus obligaciones e, incluso, presionar al propietario legítimo para que le otorgue una remuneración económica para salirse del inmueble. Cuantas veces no has escuchado el “no me salgo, y hazle como quieras” o “debo no niego, pago no tengo… y hazle como quieras”.

Son indudables los inconvenientes económicos y el desgaste emocional ocasionado por tal situación. Esto no debería suceder y existe gran responsabilidad del arrendatario. Pero, la verdad sea dicha, esta situación es posible gracias a la falta de previsión del arrendador, su desidia, la negativa de querer gastar en un contrato o la creencia siempre errónea de que no nos va a suceder.

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Es cierto que, si bien el contrato de arrendamiento no puede evitar que este tipo de casos se lleguen a presentar, si puede darnos los elementos para resolverlos más fácilmente y acortar el tiempo de duración del conflicto. A la larga es mejor tener un buen contrato de arrendamiento que intentar buscar un buen arrendatario pidiendo todas las garantías y referencias posibles, poco importa eso, cualquiera lo puede obtener pidiendo el favor a una tía, la abuelita, el primo o la comadre.

Nunca sabemos quién llegará a rentar nuestra propiedad. Por eso, siempre será mejor contar con un contrato de arrendamiento, en donde se establezcan las reglas y se especifiquen los términos a cumplir, los derechos y las obligaciones recíprocas.

Nuestra experiencia nos permite asegurar que con un contrato la solución del problema es mucho más fácil, rápida y efectiva. No en pocas ocasiones se nos ha presentado la situación en donde el inquilino es desalojado por la fuerza porque no se quiere ir, pero en donde no hay un contrato escrito firmado por ambas partes y el desalojo se lleva fuera de la ley. Esta “solución” no es conveniente para nadie por los enfrentamientos que pueden terminar con hechos lamentables o, aunque raro, procesos derivados de un presunto robo de bienes en el desalojo.

Por estas razones es mejor celebrar un contrato de arrendamiento en donde se anticipen circunstancias tales como cuando el inquilino abandona el inmueble dejando deudas, daños en el inmueble, robo de cosas del mismo o, en el peor caso, cuando no se quiere salir de la casa o departamento.

Además, con el contrato puedes asegurar un poco más el cumplimiento de los pagos de la renta. Puedes establecer fiador solidario del arrendamiento, con solvencia económica demostrable, para el caso en que el arrendatario no entregue la propiedad al término del contrato o deje pagos pendientes, incluso para evitar que deje los pagos pendientes, porque también tendría el compromiso con el fiador.

Así, es preferible buscar diversas opciones para hacer un buen contrato arrendamiento que, posterior al problema, preguntar cómo sacar a un inquilino de tu casa. El contrato de renta no solamente te ayuda a resolver más rápido y seguro el conflicto sino también te puede permitir conocer los datos y la identidad del inquilino, si es que para la firma del mismo le solicitas una identificación oficial. Cuantas veces se van y no se conoce bien su nombre.

En este sentido, un contrato de arrendamiento no solamente te puede proteger ante posibles situaciones desafortunadas, sino también proporciona una formalidad que refleja seriedad ante el posible inquilino, ahuyentando así a aquellas personas que llegan con la idea de tomar ventaja.

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