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Uno de los términos con múltiples usos tanto en el lenguaje común como en el especializado es el de “ley“. En la doctrina se han escrito gran cantidad de páginas intentando clarificar el concepto, pero la variedad de explicaciones pueden confundir al estudiante en su búsqueda ante las diferencias e incluso contradicciones.

Para aclarar el sentido del término dentro del lenguaje jurídico nos parece una buena aproximación la realizada por Riccardo Guastini en su obra Estudios de teoría constitucional. Es importante aclarar que el estudio es realizado desde la teoría analítica del derecho, por lo que para conocer los términos jurídicos, como el de “ley”, se centra en el análisis del lenguaje en que se formula el derecho.

El profesor italiano realiza una clasificación de los usos del término a partir del uso realizado con referencia a fenómenos normativos y el uso referente a fenómenos no normativos. Pero también encontramos una distinción entre el uso en el lenguaje común y el utilizado dentro del lenguaje jurídico.

Ahora, cuanto hacemos uso del término “ley” para referir fenómenos no normativos podemos aludir cualquiera de las siguientes opciones:

  1. Designar una regularidad de eventos o acontecimientos;
  2. Designar el enunciado científico que describe tal regularidad; o,
  3. Frecuentemente, designa de forma indistinta y confusa las dos anteriores.

Por otra parte, cuanto el término ley es utilizado con referencia fenómenos normativos, puede aludir cualquiera de las siguientes opciones:

  1. Un particular enunciado prescriptivo; o,
  2. Un conjunto de enunciados prescriptivos.

Cuando utilizamos el término “ley” en el lenguaje jurídico lo hacemos en este último sentido, esto es, con referencia fenómenos normativos, pero asume diversos matices de significado. Por eso es menester detenernos en la distinción del uso del término en el lenguaje común y en el lenguaje jurídico.

Dentro del lenguaje común, con el término “ley” referimos dos cosas muy genéricas:

  1. Por un lado, es empleado como sinónimo del término “Derecho (en sentido objetivo, es decir, como orden jurídico o conjunto de normas). Éste sentido parece expresar una indistinción entre el derecho y sus fuentes como también considerar como única fuente del derecho a la ley.
  2. Por otro lado, “ley” es utilizado como sinónimo de “fuente del derecho“, como si la ley fuera la única fuente o, por lo menos, la más importante.

Esta idea de la ley como fuente del derecho se relaciona con cierta concepción del derecho y del poder legislativo, en la cual por derecho debía entenderse un conjunto de normas o prescripciones generales y abstractas, las cuales son creadas por el poder legislativo. Así, todo acto jurídico que contenga normas con tales características es, por definición, una ley. Y recíprocamente, todo acto jurídico diverso de la ley, nunca puede tener un contenido normativo general y abstracto.

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De ésta concepción se desprende una doble consecuencia, el órgano encargado de emitir normas generales y abstractas es el legislativo, el cual tiene impedido expedir leyes singulares y concretas. Recíprocamente, el poder ejecutivo y el judicial sólo podrán emitir normas singulares y concretas, nunca generales y abstractas.

Por otra parte, el término “ley” en el lenguaje jurídico es empleado en dos sentidos opuestos:

  1. En sentido formal: la ley es todo acto o documento emitido por el órgano legislativo, gozando de un peculiar régimen jurídico.
  2. En sentido material: la ley es todo acto o documento que exprese o contenga normas generales y abstractas, con independencia del órgano emisor.

 A partir de este punto de vista pueden distinguirse tres tipos de “leyes”:

  1. Leyes en sentido sólo formal: Son actos del órgano legislativo desprovistos de un contenido genuinamente normativo y dotados de un contenido singular y concreto.
  2. Leyes en sentido sólo material: Son actos de órganos no legislativos pero dotados de contenido normativo.
  3. Leyes en sentido formal y material: Son los actos del órgano legislativo provistos de un contenido normativo.

 

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