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10 Tips Para Argumentar Exitosamente Un Caso Ante Un Tribunal

Compartimos con ustedes algunas recomendaciones realizadas por el jurista y filósofo del derecho Genaro R. Carrió en su obra Cómo estudiar y cómo argumentar un caso

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MAYO, 2017

Estilo jurídico
Argumentación jurídica
Práctica legal

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Una de las carencias de la enseñanza del derecho en los países de tradición del civil law consiste en la falta de preparación para el ejercicio de la profesión del abogado, esto es, de la abogacía tal como se presenta en la práctica.

Entre las características de la enseñanza universitaria del derecho en América Latina destaca la ausencia de una preparación para ejercer el oficio del abogado que consiste, esencialmente, en saber utilizar las reglas para alcanzar ciertos resultados prácticos.

Las facultades se enfocan en el conocimiento de las normas jurídicas, en lo que prohíben, ordenan, autorizan, facultan e, incluso, cómo se interpretaran. Pero su aplicación o uso para alcanzar ciertos resultados, es decir, utilizarlas como herramientas para alcanzar ciertos fines, es una cuestión prácticamente olvidada.

Dentro de la diversidad problemas que enfrentan quienes recién egresan de la carrera de derecho, se encuentran las dificultades de enfrentarse a la compleja y técnica labor de la abogacía. El aprendizaje de esta labor se aprenderá por cuenta propia después de considerables penurias, vacilaciones, auto-reproches y no pocas noches de insomnio.

Por eso, hoy compartimos con ustedes algunas recomendaciones realizadas por el jurista y filósofo del derecho Genaro R. Carrió en su obra Cómo estudiar y cómo argumentar un caso.

Antes de reproducir sus consejos es necesario poner en claro que el propio autor esta consiente las limitaciones de estos, por lo que se limitan a observaciones muy generales, válidas para muchos casos pero de ninguna forma una especie de receta de cómo debe argumentarse.

1. Trata que el tribunal nos escuche.

Los tribunales se encuentran con exceso de trabajo. Hay muchas lecturas de apresurada o superficiales de las actuaciones, así como mucha delegación.  Muchos jueces y magistrados fallan importantes juicios de la relación de hechos y síntesis presentadas pro secretarios. No hay peor sensación que advertir perder un juicio porque el juez no leyó nuestros documentos legales.

¿Cómo puede solucionarse esto? Para ello sirve la regla número 2.

2. Tratar de que el tribunal nos entienda bien.

Existen una serie de requisitos importantes para transmitir con eficacia el mensaje. Aunque son requisitos sencillos y comúnmente escuchados, generalmente son olvidados. No está de más repetirlos:

a) Ser breve, claro y conciso. Usar un estilo llano.

b) Describir con la mayor precisión y, en lo posible, sin tecnicismo, el conflicto de interés en juego.

c) No escatimar el punto y aparte, los títulos y los subtítulos.

d) Presentar ordenadamente los argumentos, distinguiendo los principales y los secundarios, destacando los primeros.

e) Hacer dos síntesis de nuestra posición. Una al comienzo, para precisar las cosas cuáles son las cosas que nos proponemos demostrar y, otra, al final, para resumir de qué modo creemos hacer demostrado lo que nos habíamos propuesto.

f) En lo posible construir la argumentación partiendo de un modo simple, que iremos enriqueciendo progresivamente. No sirve de mucho que el tribunal nos escuche si lo que decimos carece de idoneidad para persuadir.

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3. Ver las cosas como lo vería la el abogado de la otra parte o el juez.

Puede ser que no sea fácil ver la situación tal y como la vería el abogado de la contraparte o el juez, pero no es imposible.

Hay abogados que ven las cosas con la misma pasión y falta de objetividad como las que ve el cliente. Pero lo que es comprensible en el cliente, para el abogado es imperdonable. La pasión suele cegar la mente, y los abogados debemos tener una mente lúcida.

Solamente si somos capaces de apreciar la situación desde otros puntos de vista podremos reforzar nuestra argumentación, para persuadir al tribunal de que tenemos mejores razones que nuestro adversario.

Es necesario estudiar a fondo las pretensiones de la contraparte y los argumentos que sustenta. Apreciar en qué medida están probados y el grado de respaldo de las normas a sus conclusiones a partir de las circunstancias del caso.

4. Conceder aquello en donde no tenemos respaldo ni de hechos ni de derecho.

Es inconveniente aferrarse a la defensa o alegaciones que sabemos que son insuficientes. En cambio, no debemos ceder nada en todo aquello que, tras un análisis riguroso, nos sentimos seguros.

5. Presentar nuestro caso de modo que la solución aparezca lo menos alejada posible de lo ya establecido.

Existe una marcada tendencia en los jueces de seguir los precedentes. Pueden proporcionarse dos razones respetables: 1. Porque la adopción del punto de vista generalmente aceptado es, por lo menos, síntoma de objetividad; 2. Porque si hay algo que parece ser un incuestionable principios de justicia es que haya que tratar de igual manera los casos iguales.

6. De no ser posible lo anterior, tratar de demostrar que lo ya establecido no se refiere a nuestro caso.

Debemos mostrar que nuestro caso exhibe características, aspectos, matices o implicaciones que lo presentan como un caso muy singular y que, como consecuencia, la aplicación ciega o mecánica de la regla o reglas a primera vista lo incluyen, produciría un resultado notoriamente injusto o arbitrario.

Desde cierta perspectiva puede parecer los mismo sostener: 1. Que nuestro a nuestro caso no se le aplican las reglas x, y, z, porque el mismo constituye una excepción a la regla; o, 2. Que estas no se aplican porque no se refieren a un caso como el nuestro, que este queda fuera de su regulación.

Siempre es más conveniente argumentar desde esta segunda manera. Tiene que ver con la psicología del juez. Es más fácil que este decida que no se deben aplicar las reglas x, y, z por no referirse a nuestro queso que reconocer una excepción a las mismas.

7. Evitar ser rebatidos con el argumento de la seguridad jurídica.

Evitar que nuestros argumentos puedan ser exitosamente rebatidos con el contra-argumentos de que la solución que proponemos no puede ser generalizada sin grave detrimento de la seguridad jurídica.

Una forma de evitarlo es presentar la solución para el caso como aplicación de un principio que admite ser formulado con aceptable precisión, de modo que el riesgo de inseguridad no existe porque no pretendemos pasar de un ámbito reglado a otro discrecional, sino de un ámbito reglado a otro también reglado.

8. No reducir la argumentación a la cuestión formal.

No usar argumentos puramente formales o que implique un manifiesto sacrificio de valores sustantivos a cuestiones adjetivas o rituales. No ser artificioso ni parecerlo. No abusar de recursos argumentables de tipo estrictamente técnico para conservar ventajas o pretender nuevos beneficios.

9. Aplicación de la Constitución.

Examinar si en nuestro caso hay algo que justifique la aplicación de preceptos constitucionales y la eventual intervención de la Suprema Corte. Sin perder de vista la singularidad del caso, conviene verlo siempre en contexto o perspectiva lo suficientemente amplio para permitirnos enriquecer nuestra argumentación con criterios o pautas que una visión estrecha dejaría afuera.

10. No usar la agresión verbal como arma de persuasión.

Podría parecer risible, pero se presenta con frecuencia. EL uso de la agresión da malos resultados. No es necesario probar que el abogado contrario es un inepto o el juez de primer instancia un infradotado.

El terrorismo verbal, los abusos del lenguaje, el sarcasmo encarnizado, no proporcionan un buen resultado. Ponen en contra a quienes revisan el expediente. Una mirada con objetividad nos dice que son recursos dirigidos a ocultar el hecho de que no se cuenta con buenos argumentos.

El abogado que tiene buenos argumentos, o sabe utilizar los que tiene, puede permitirse ser cortes y comprensivo. Eso ayuda a ganar pleitos. Ayuda también a merecer el respeto y la consideración de los demás y a ser mejor de lo que uno es, no ya simplemente como abogado, sino como ser humano.

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